En 2022, puede parecer que la sociedad ha hecho verdaderos progresos en el apoyo a las personas LGBTQ+ en su camino hacia la paternidad. En las redes sociales y en la vida cotidiana vemos familias más diversas que nunca. La ciencia médica también ha avanzado, haciendo posible que las parejas del mismo sexo conciban, e incluso que hombres para llevar bebés.
Pero detrás de los avances sigue habiendo grandes lagunas. Las ayudas a la fertilidad distan mucho de ser equitativas, y las parejas LGBTQ+ se enfrentan a menudo a obstáculos adicionales que las parejas heterosexuales no tienen. He aquí cuatro ejemplos de cómo el sistema sigue quedándose corto.
1. Las parejas LGBTQ+ tienen más dificultades para acceder a la FIV en el SNS
El sistema de fertilidad del SNS suele describirse como una lotería de códigos postales, y es cierto. Inglaterra está dividida en Grupos Clínicos Locales (CCG), cada uno de los cuales establece sus propias normas de financiación de la FIV. Algunas zonas ofrecen tres rondas de tratamiento, otras sólo una.
Para las parejas heterosexuales, el acceso suele empezar tras dos años de intentar concebir de forma natural. Pero para las parejas LGBTQ+ femeninas y las mujeres solteras, el camino es más largo y costoso. Muchas deben pagar de forma privada varias rondas de inseminación artificial antes incluso de poder optar a las ayudas de FIV del SNS.
Este planteamiento no sólo es injusto, sino que es económicamente agotador y emocionalmente agotador.
- La inseminación privada puede costar miles de libras antes incluso de que empiece la FIV.
- Los retrasos reducen las tasas de éxito, especialmente a medida que aumenta la edad.
- En algunas regiones, las parejas no reciben financiación alguna.
2. La inseminación a domicilio es cada vez más cara
La inseminación a domicilio puede parecer sencilla, pero no suele ser barata ni estar exenta de riesgos. Desde 2005, la legislación británica prohíbe a los bancos de semen enviar esperma directamente a domicilios particulares. Eso significa que ahora las parejas solo tienen dos opciones principales.
Opción 1: Inseminación clínica
Puedes utilizar esperma de un banco de esperma registrado y realizar la inseminación en una clínica. Es seguro, pero caro. Un solo vial de semen de donante puede costar unos 1.000 €, y eso sin incluir los honorarios de la clínica.
Opción 2: Donantes privados
Algunas parejas optan por un donante de esperma privado, a menudo un amigo o familiar de confianza. Esta vía puede crear una conexión más estrecha y suele ser más barata que el tratamiento en clínica. Pero también conlleva riesgos:
- Cuestiones legales sobre derechos y responsabilidades parentales.
- No hay garantía de que el esperma haya sido sometido a pruebas para detectar infecciones.
- Historial desconocido del donante: el donante puede haber tenido ya muchos hijos.
También ha aumentado el número de hombres que ofrecen la donación de esperma a través de las redes sociales. Aunque algunos tienen buenas intenciones, otros se aprovechan de parejas vulnerables. Más información donación privada de esperma aquí.
Al obligar a las parejas del mismo sexo a financiar la inseminación antes de acceder a la fecundación in vitro, el sistema crea una opción imposible... gastar miles de euros o asumir riesgos.
3. FIV en el extranjero: Más barato para unos, imposible para otros
Cuando la financiación del SNS no está disponible, muchas parejas heterosexuales buscan en el extranjero una FIV asequible. El tratamiento en el extranjero, en países como Grecia o Turquía, suele costar una fracción del precio en el Reino Unido.
Pero para las parejas LGBTQ+, esos destinos suelen estar vedados. En varios países populares de FIV, a las parejas del mismo sexo se les prohíbe totalmente el tratamiento. Las leyes discriminatorias de Grecia, Turquía y otros países impiden a los futuros padres LGBTQ+ iniciar siquiera el proceso.
Esto deja pocas opciones asequibles. Mientras no cambien las leyes internacionales, muchas familias LGBTQ+ se ven excluidas de los servicios de fertilidad por el mero hecho de amar a quien aman.
4. Barreras para la preservación de la fertilidad trans
No sólo la FIV es desigual, también lo es la preservación de la fertilidad. Las normas sobre congelación de óvulos o esperma varían según la región y a menudo excluyen a las personas trans.
En el Reino Unido, los pacientes sometidos a tratamientos médicos como la quimioterapia pueden congelar óvulos o esperma gratuitamente en el NHS. Pero las personas trans que inician una terapia hormonal rara vez reciben la misma oferta, a pesar de que el tratamiento puede afectar permanentemente a la fertilidad.
Esto se debe a que la corriente Directrices NICE no incluyen la preservación de la fertilidad para las personas con disforia de género. Así pues, la cobertura depende de dónde vivas, y en muchas zonas el acceso sigue estando denegado.
- El apoyo a la preservación de la fertilidad trans es incoherente y poco claro.
- Los costes pueden ascender a miles para quienes pagan de forma privada.
- La falta de orientación deja a muchos sin información ni opciones.
Construir un futuro más justo
Está claro que el camino hacia la paternidad para las personas LGBTQ+ suele ser más largo, costoso y complicado. Desde normas de financiación hasta leyes obsoletas, la discriminación sigue marcando el camino de la fertilidad.
Pero el progreso es posible. La igualdad de acceso a los cuidados de fertilidad es necesaria:
- Políticas NHS y NICE inclusivas para todos los tipos de familia.
- Educación y formación para profesionales sanitarios.
- Reforma legal en el extranjero para eliminar las prohibiciones discriminatorias de la FIV.
- Preservación de la fertilidad más asequible para las personas trans.
Todo el mundo merece la oportunidad de formar una familia, independientemente de su identidad de género, sexualidad o código postal. Sigamos luchando por la igualdad de fertilidad para todos.